Fundación io

Pintura e infección

La pulga

de Giuseppe María Crespi

Por el Dr. Alberto Ortiz

Durante el siglo XVII, las escenas de género y costumbristas fueron muy del gusto de la clientela. Interiores, bodegones e historias cotidianas fueron objeto de representaciones y estudio, por parte de los pintores del momento, alguno de los cuales se especializó en este tipo de lienzos. En este sentido, conviene destacar al pintor boloñés Giuseppe María Crespi, cuya producción pictórica tendrá como característica principal, una tendencia hacia escenas de la vida diaria, redundando en una realidad poco generosa, haciendo hincapié en aspectos indecorosos y huyendo de cualquier matiz que tuviera cierta relación con la tradición académica.

 La pulga

Ejemplo de este tipo de cuadros es “La pulga”, donde nos muestra a una mujer reclinada sobre una cama, que está hurgando en su seno izquierdo buscando el tan temido parásito. Además de los muebles, la habitación está llena de cestos, vasijas y otros útiles de cocina, que decoran las desnudas paredes de adobe de la casa. Dos ancianos que se cruzan sus miradas, uno de ellos cuidando a un niño de corta edad, componen el resto de personajes del cuadro. El desorden y la suciedad son los parámetros que mejor describen la humildad que transmite la imagen.

Pintor: Giuseppe María Crespi.
1665-1747. Escuela Italiana

Título: “ La pulga ”. 1720. Museo del Louvre, París

Características: Óleo sobre lienzo. Dimensiones 55 X 41 cm

Las infestaciones por pulgas eran muy frecuentes en aquella época. Aparte de las enfermedades que podían producir, ya que estos insectos actuaban como vectores de diferentes bacterias, su principal incomodidad residía en las molestias que originaban. Dolores, picores y edemas eran los signos más habituales cuando una pulga se clavaba en la piel.

Sin embargo, el tratamiento de la pulga en esta pintura tiene poca relación con los aspectos patológicos. Durante esta época, el tema de una pulga picando a una mujer tenía un fuerte sentido erótico. Era un pretexto para realizar desnudos, o más bien, para plasmar momentos íntimos en los que la mujer aparecía ligera de ropa, semidesnuda, en actitud ensimismada tocándose zonas erógenas de su cuerpo como sus pechos. Los escritores de la época también describían minuciosamente el momento en el que la pulga entraba en contacto con la piel de la mujer. En este sentido, tenemos un famoso soneto compuesto por Lope de Vega dedicado a una pulga en su libro de poemas “Rimas del licenciado Tomé de Burguillos”:

Picó atrevido un átomo viviente
los blancos pechos de Leonor hermosa,
granate en perlas, arador en rosa,
breve lunar del invisible diente.

Ella dos puntas de marfil luciente,
con súbita inquietud bañó quejosa,
y torciendo su vida bulliciosa,
en un castigo dos venganzas siente.

Al expirar la pulga, dijo: “¡Ay, triste,
por tan pequeño mal dolor tan fuerte!”
“¡Oh pulga!”, dije yo, “dichosa fuiste!

Detén el alma, y a Leonor advierte
que me deje picar donde estuviste,
y trocaré mi vida con tu muerte”.

El deseo y el tono sugerente con los que se observa la picadura de la pulga, son los rasgos principales que resalta el cuadro. La inocencia de la joven vista de manera incosciente, podría poner de manifiesto la verdadera intención del artista al retratar esta especie de metáfora de una sensualidad natural.

Suscríbase al Newsletter

Introduzca su email para recibir nuestro boletín y mantenerse informado de próximos eventos y actividades.


Polí­tica de privacidad