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Pintura e infección

Altar de San Sebastián

de Hans Holbein, “el viejo”

Por el Dr. Alberto Ortiz

El estilo gótico predominó en toda Europa Central hasta bien entrado el siglo XV, momento en el que sus modelos rígidos e inexpresivos fueron en gran medida dulcificados por la nueva corriente renacentista que, oriunda de Italia, se fue imponiendo poco a poco en el resto del continente. En Alemania, un destacado exponente de esta transición fue el bávaro Hans Holbein, apodado el viejo para diferenciarlo de su hijo, y cuyo primitivo estilo influído por el realismo, el detallismo, y un dibujo preciso y colorista, heredado de la miniatura gótica, fue evolucionando hacia una representación cada vez más delicada y amable de las figuras. Sin embargo, en su contra cabe decir que esta idealización restaba espontaneidad a sus composiciones, al mismo tiempo que carecía de la profundidad psicológica y de la rotundidad de los modelos representados, rasgos típicos del Renacimiento.

 Altar de San Sebastián

Todas estas particularidades están muy presentes en el tríptico de San Sebastián conservado en Múnich. La tabla central, donde se muestra el martirio del santo está flanqueada por dos retratos de cuerpo entero de Santa Clara de Asís portando el cáliz, su habitual elemento iconográfico con el que se la identificaba, y santa Isabel de Hungría, con una jofaina escanciando agua a pobres y enfermos. Es precisamente en esta tabla donde se observa con gran nitidez diversas manifestaciones clínicas que podrían identificarse con una lepra lepromatosa. Esto es especialmente evidente en el mendigo que sostiene el tazón con su brazo izquierdo extendido donde se aprecian una serie de lesiones cutáneas de morfología variable (figura 1). También, este mismo personaje deja entrever lesiones en su pierna izquierda vendada, señal bastante habitual en la lepra ya que se produce insensibilidad, generándose diversas heridas en dichas partes con los consiguientes procesos infecciosos. Además, tanto la presencia de calvicie como la ausencia de cejas y pestañas, son asimismo síntomas frecuentes de una lepra lepromatosa.

En la misma escena, otros mendicantes también presentan una sintomatología clínica muy notable, como el adolescente que tiene una hogaza de pan en sus manos, en cuyo rostro se pueden percibir lesiones pigmentadas que inducen a pensar en una lepra, aunque no habría que descartar cualquier otra enfermedad con una sintomatología parecida. Baste recordar en este punto, que antiguamente en muchas ocasiones cualquier alteración o enfermedad dérmica era considerada una enfermedad leprosa, aunque no estuviera producida por la bacteria Mycobacterium leprae, agente causante de la lepra.

Pintor: Hans Holbein, “el viejo”.
1465 -1524. Escuela alemana.

Título: “ Altar de San Sebastián”. 1516. Alte Pinakothek, Múnich.

Características: Dimensiones: tabla central: 153 X 107 cm; tablas laterales: 150 X 47 cm. Óleo sobre tabla.



Santa Isabel murió joven a los veinticinco años, y poco tiempo después fue canonizada. Fue hija del rey de Hungría Andrés II y se educó en la región alemana de Turingia. Desde su más tierna infancia mostró una profunda religiosidad, dedicándose a la asistencia a pobres y enfermos, tomando como ejemplo la actividad mendicante y altruista de la orden franciscana. Por este motivo, fue venerada por los enfermos y se recurría a ella implorando auxilio y misericordia. En este sentido, esta tabla es un magnífico ejemplo de la enorme popularidad que la santa adquirió en toda Europa central durante este período. La enorme devoción suscitada hacia su persona, se tradujo en una proliferación de innumerables imágenes que abordaron su vida, sus obras de caridad y su inquebrantable fe cristiana.

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