miércoles 30 de diciembre de 2009

Pintura e infección: Enero 2010


Una sección coordinada por el Dr. Alberto Ortiz

" San Roque como patrón de la peste " de Peter Paul Rubens.


[ ... ] Paradójicamente, y aunque la pintura represente a víctimas de la peste, no se observan los signos clínicos típicos de este proceso infeccioso. Tampoco se contemplan en el San Roque, quizá porque el episodio que se describe es anterior al contagio que sufrió el santo y que le mantuvo aislado en un bosque. Sin embargo, si se pueden ver los otros elementos característicos de San Roque como son el bordón de peregrino y el perro que le llevaba comida durante su periodo de convalecencia. No obstante, y a pesar de no observarse ningún bubón en las axilas o ingles de los aquejados por la infección, éstos muestran la típica actitud de dolor e invalidez que los apestados. La presencia de los bubones, especialmente a nivel inguinal, produce un dolor tan intenso que el paciente tiende a mantener inmovilizado el miembro afectado, de forma que es frecuente que permanezca tumbado o tendido sobre el suelo. Ésta será una de las características de la representaciones de las plagas durante el siglo XVII, posiblemente porque los pintores, a los que se encargaban cuadros de esta temática, no conocían con exactitud la sintomatología de la enfermedad y preferían focalizar los estragos que la infección producía en el dolor y sufrimiento de los afectados.

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lunes 5 de octubre de 2009

Pintura e infección: "San Ignacio cura a las víctimas de la Peste"


Una sección coordinada por el Dr. Alberto Ortiz

Este colosal fresco, ejecutado por la mano del pintor barroco Andrea Pozzo en los últimos años del siglo XVII, supone uno de las representaciones más monumentales realizadas sobre San Ignacio de Loyola. Aparte de su faceta como pintor, Andrea Pozzo destacó también como arquitecto, decorador y teórico en el marco de un estilo barroco tardío. El pintor concibió el encargo como un magno proyecto para idealizar la grandeza y gloria del fundador de la Compañía de Jesús, lo cual no le supuso ningún problema ya que el propio artista se había ordenado sacerdote y había ingresado años atrás en la orden jesuíta. Esta afiliación fue un hecho fundamental para el entendimiento de la obra y la proyección de la fe a través de la imagen de San Ignacio y del núcleo de su predicación.

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