Con mucha más delicadeza trataría este mismo tema Velázquez en su “Mercurio y Argos ” (figura 7) realizado para el “Salón de los Espejos” del desaparecido Alcázar de Madrid. El cuadro formaría parte de un conjunto integrado por “Psiquis y Cupido”, “Venus y Adonis”, y “Apolo y Marsias”, lienzos que desgraciadamente se perdieron en el incendio de 1734. Con su habitual maestría, Velázquez nos muestra como Mercurio sigiloso se incorpora lentamente, blandiendo en su mano derecha la espada con la que dará muerte al confiado vigilante. Por el contrario, Argos parece haber entrado en un estado de sopor tan profundo como repentino. A diferencia de otras representaciones del mito, la ternera está ubicada en un segundo plano, dirigiendo su mirada hacia otra parte, como si no quisiera saber el triste destino que le espera a la persona que es responsable de su custodia.
Figura 7.
Autor: Diego Rodríguez Da Silva y Velázquez.1599-1660. Escuela española. Título: “Mercurio y Argos”. 1636-1638. Museo del Prado, Madrid. Dimensiones: 128,5 cm x 250,5 cm. Óleo sobre lienzo.
Posteriormente, cuenta la leyenda como Juno, compadecida por la suerte de Argos, colocó los ojos del mismo en la cola del pavo real, animal consagrado a la diosa. Ésta fue la explicación que la imaginación popular griega y romana atribuyó al origen de los ojos en la cola del pavo real.
Dentro de la inmensa producción pictórica de Rubens también podemos hallar un cuadro que recoge este momento (figura 8). La diosa recoge la cabeza del cuerpo exánime de Argos, situado en la parte inferior del lienzo, y coloca los ojos en la cola de los animales. En ese instante, Juno está acompañada por Iris, divinidad a su servicio, que también ejerce como mensajera de los dioses y cuyo atributo es el arco iris que aparece en la parte superior.

Figura 8.
Autor: Pedro Pablo Rubens.1577-1640. Escuela flamenca. Título: “Juno y Argos”. 1610. Museo Wallraf-Richartz, Colonia. Dimensiones: 249 x 296 cm. Óleo sobre madera.
Ya en el siglo XVIII, implantado el estilo neoclásico, corriente que puso fin al barroco en Europa, este mismo asunto fue tratado por el pintor italiano Jacopo Amigoni. A diferencia del caso anterior, Juno, sentada sobre un trono de nubes, recibe de manos de Mercurio la cabeza de Argos. Junto a ella se encuentra el pavo en cuyas alas está ubicando los ojos del pastor. Diferentes figuras de niños que recuerdan a cupido se encuentran acompañando a la diosa y juegan con las alas del ave. Por encima de todos, se alza la figura de Iris que parece mirar con ternura el momento de la transformación de Argos (Figura 9).
Figura 9.
Autor: Jacopo Amigoni.1682-1752. Escuela italiana. Título: “Juno recibiendo la cabeza de Argos”. 1730-1732. Moore Park, Hertfordshire. Óleo sobre lienzo.
El fin del neoclasicismo y la implantación de otras corrientes, como el romanticismo o el realismo, más cercanas a las inquietudes cotidianas del ser humano, dejaron en desuso unos asuntos mitológicos que pasaron de moda para una sociedad en constante cambio y que demandaba otra forma de representar el mundo que le rodeaba. Los amoríos y lances de los dioses griegos y romanos dieron paso a cuadros de carácter histórico para decoración de instituciones, o pequeños lienzos en los que el paisaje, el retrato o escenas de carácter costumbrista colmaban los gustos de los nuevos clientes.
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